
Una lata. Pero tarde o tempano iba a suceder. El mítico local subterráneo de Ahumada 131 se cerró para siempre. Pero qué pena por la cresta. Era el último de los grandes salones de arcade de Chile (y del mundo, probablemente). Donde había flippers de todas las épocas para regodearse. Donde me escapaba cuando iba al centro, gracias a la venia de mi abuelo y a pesar de los gritos de mi madre. Donde incluso celebré un cumpleaños (no la fiesta, claro) con varios amigos cuando chico. En fin. Fue bueno mientras duró.
Hoy conversamos en la radio con Ignacio Moraga, el dueño de los Diana. Simpático el tipo. Se nota que le tenía cariño al lugar y a las máquinas. Como sea, desde este humilde rincón vaya un saludo a esas tardes de fichas y fichas.
Acá, el link a la nota de la entrevista, que salió publicada en el sitio de Radioactiva, y también en Emol.