For Honor: Carnes a la Espada

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El género de los videojuegos hack’n slash se remonta casi a los albores de los videojuegos arcade, cuando la tecnología permitió distinguir (más o menos) una espada, una lanza o un hacha en las manos de un guerrero pixelado. El origen proviene de los clásicos juegos de rol medievales, tipo Dungeons & Dragons. Y durante los 80s, el género floreció y fue generoso como una herida recién abierta. Hoy clásicos que van desde el Golden Axe hasta la actual saga Dynasty Warriors, sostienen con orgullo una mecánica de juego que se basa en derrotar numerosos enemigos a partir del hecho de blandir y combinar armas de distinto filo y calibre. Cada combo precisamente ejecutado más devastadora que el anterior. For Honor cae, entonces, como una especie de gran homenaje al género.

 

El nuevo juego desarrollado por Ubisoft Montreal pone al jugador en la mecánica clásica de los clásicos hack’n slash en un entorno que es, en el fondo, el escenario para las tres clases más representativas del género: caballeros, samurai y vikingos. Así, el juego se plantea como una tradicional, aunque olvidable historia de fantasía medieval que pone al jugador en distintos pasajes históricos que invitan a desenvainar espadas y mazos para abrirse paso entre hordas de enemigos. Ojalá de la manera más brutal posible.

 

 

La idea del juego se basa principalmente en un combo de ataques y bloqueos con tres posibilidades. Tipo cachipún, sencillo en su aprendizaje, complejo en su dominio. Bloqueos exitosos y esquivar a tiempo otorgan posibilidades de contraataques y, finalmente, de violentas ejecuciones que claro, dan algo de vida extra para el jugador. Sumado a coleccionables que invitan a recorrer el detallado paisaje que varía de acuerdo a la clase de los tres personajes principales, For Honor funciona casi como un juego de ritmo que privilegia precisión antes que destreza manual bruta. Y si a eso le sumamos que las opciones permiten que el juego pueda ser disfrutado como un paseo por el parque, tenemos un juego agradable y entretenido de maestrear. Siempre y cuando el factor repetición no penetre muy fácilmente. Y todo lo anterior, sin siquiera considerar su modo multijugador que, a pesar de contener micro transacciones, ha sido muy bien recibido.

 

Los combates están muy bien balanceados con la exploración del entorno, siempre desde una perspectiva en tercera persona. Estos se dividen entre peleas enfocadas en un oponente –más complejas y pausadas– y las grescas a mansalva apretando botones a diestra y siniestra. Hay golpes, bravatas y algo de conversación de camarín. Porque For Honor es un juego eminentemente masculino. Hay detallitos, pero sin duda, hay un atrapante sentido de ritmo. Gráficamente el juego es por cierto sobresaliente y sí, podríamos discutir si el juego se ajusta más en el terreno de los juegos de pelea o de aventuras o incluso, para algunos, de ritmo. Pero en su esencia, For Honor es un juego que tiene en su corazón los mejores momentos de los videojuegos de espadas y mazos.

 

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