Killzone: Mercenary

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Debo confesar que desde que salió la magnífica PS Vita de Sony, muy pocos juegos me han llamado realmente la atención. Hay unos buenos y otros no tanto, pero nada que realmente me haya dejado pegado con la consola. A excepción del Uncharted: Golden Abyss, por supuesto, que sigue siendo, hasta ahora, el juego que de verdad justifica a la Vita y, sin duda, el mejor título de la plataforma portátil.

 

El Killzone: Mercenary, recién aparecido, me devolvió eso: un sentido de urgencia, de seguir jugando, de page turner, si se quiere, como si hubiese sido un libro. Obviamente, como toda la saga Killzone, el juego es un shooter en primera persona que, claro, no reinventa la rueda, pero sí logra que el juego funcione de manera firme y fluida, con una mecánica muy tradicional -que claramente no reinventa la rueda-, pero que sí logra entregar una experiencia de juego muy satisfactoria. Incluso, mejor que ese buen intento que fue el Resistance: Burning Skies, y definitivamente superior al Call of Duty: Black Ops – Declassified, los tres FPS hasta ahora disponibles para la Vita.

 

El cuento con esta verisón móvil del Killzone (la segunda para portátiles) otorga un interesante giro de tuerca, donde, como mercenario, es posible jugar de parte de los ISA (los buenos) o los helghast (los malos). Esto le da un vuelco narrativo a una historia que de otra forma habría sido sólo genérica. Pero eso, sumado a la excelente mecánica de juego, a una curva de dificultad aceptable, excelentes gráficos y, en general, una gran aventura digital, hacen que el Killzone: Mercenary sea de esos juegos que hay que tener. Si se tiene una PS Vita, claro está.