Titanfall 2: Mi Amigo el Robot

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Mazinger Z tiene que ser uno de mis dibujos animados de infancia favoritos. Principalmente, por alimentar la fantasía del tipo que, de repente, tiene la chance de controlar un robot a su antojo el que, además, posee un variopinto arsenal de armas letales de distinto calibre e incluso un dejo de personalidad y “humanidad” en su presencia. Todo era pura fantasía tech-nerd: desde la forma en que se abordaba al robot, pasando por distintos escenarios de combate y hasta “momentos” entre humano y máquina. El vínculo entre humanos y robots (o mechas) ha sido prácticamente un subgénero en la ciencia ficción y una temática recurrente en videojuegos. Y se ha explotado, por supuesto, desde distintos ángulos con mayor o menos éxito. Desde el clásico Mech Warrior en PC, pasando por título como Armored Core, Steel Batalion, Chrome Hounds, Front Mission o el free-to-play Hawken, hay para todos los gustos. Pero creo que ninguna de esas experiencias siquiera se acerca a la majestuosidad y a la emoción que entrega el Titanfall 2.

 

A diferencia del primer título –que fue exclusivo para la Xbox–, el Titanfall 2 es un gran juego. De partida, corrigieron una de las mayores críticas que tuvo la experiencia anterior y agregaron una bienvenida campaña para un jugador. La campaña no sólo sirve como un gran tutorial para comprender y dominar las distintas modalidades de acción y armas de los titanes y del protagonista. Además, le agrega una necesaria capa de emotividad a la relación con el titán, lo que sirve sobremanera si después hay que sumergirse en los combates multijugador. Y esto es de lo mejor que tiene el juego.

 

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De todas las obvias y múltiples referencias que se pueden rescatar de lo anterior, me quedo con la de El Gigante de Hierro, la gran cinta de animación tradicional dirigida por Brad Bird y estrenada en 1999. Ambientada a fines de la década de los 50s, la película cuenta la amistad entre un niño y un confundido robot que es perseguido por una siniestra agencia gubernamental. Lo interesante no era tanto las facultades destructivas del robot, que las tenía. Más bien, se trataba de la relación entre el chico y la máquina, la amistad que se generaba y el inevitable lazo emocional entre los dos –ambos incomprendidos, ambos mejores amigos–, que por supuesto llega a momentos críticos hacia el final de la historia. En el Titanfall 2 sucede algo similar. Más o menos.

 

Es cierto que la evolución de armas (los famosos loadouts) a los que accede BT-7274, nuestro héroe mecánico, es fascinante, pero más aún lo es su historia, que comienza de manera genérica para luego beber de lo más interesante de la ciencia ficción y su relación entre hombre y máquina. Porque a medida que la historia avanza, las posibilidades de diálogo entre Cooper, el piloto, y BT, la máquina, se hacen más complejos, más divertidos y más profundos. Cooper trata al robot como a un verdadero amigo, mientras que la máquina responde sin emoción, pero con sentido. En especial por su entendimiento literal, que da pie para situaciones muy cómicas. Y se van haciendo amigos. Por cierto, la voz del robot es muy similar a la de Peter Cullen para Optimus Prime en la versión en inglés de los Transformers. La misma que ahora escuchamos en las películas de Michael Bay. Quizás eso también ayuda a hacer más potente la relación.

 

Hay momentos durante el juego en que las partes deben separarse por distintas circunstancias. Entonces se produce una sensación que pocas veces sucede en videojuegos: a uno de verdad le importa lo que le pasa al compañero. Se preocupa. Y siente alivio cuando ve que todo está bien. De hecho, es posible ver “la sombra” de BT a lo lejos, mientras uno está solo. Y uno echa de menos a la máquina. Lo otro son los diálogos. Son sencillos, pero exponen muy bien la relación entre ambos: uno con comentarios sarcásticos y muy humanos y el otro con la rigidez lógica de una máquina. Pero funciona. Es emocionante a ratos e incluso logra sacar algunas risas. Es cierto que la historia, a la larga, es más bien genérica. Pero en términos narrativos, es justamente la relación entre Cooper, el piloto y BT, el robot, que Titanfall 2 destaca. Porque otra cosa, claro, es su mecánica y su fluidez como FPS. Pero eso ya es materia de otro posteo.