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Halo Wars: Estrategia para Consolas

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Confieso que los juegos de estrategia en tiempo real –o RTSs– no son mi fuerte. Pero a diferencia de los juegos de rol, éstos sí me gustan. Aunque siempre los he encontrado complicados y difíciles de disfrutar.

Mis experiencias con RTS son menores y se restringen a casos como el legendario Cannon Fodder en el Commodore 64 y, posteriormente, con el Company of Heroes, en PC, soberbio juego con el que poco y nada pude avanzar, porque simplemente me ahogaba.

En consolas probé el Command & Conquer 3: Tiberium Wars (con esas divertidas cinemáticas protagonizadas por Michael Ironside), pero nunca logré enganchar con las mecánicas del juego y su tono sombrío. Simplemente, no pude.

Pero con la llegada del Halo Wars –el que, de manera prejuiciosa, consideraba como un RTS más- cambió mi percepción sobe el género. ¿Por qué? Por tres poderosas razones…

Commodore 64 en tu Wii

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Yo soy de aquellos que en los 80s tuve un flamante Commodore 64. Y con diskettera. La mayoría de los chiquillos del barrio tenía el clásico Atari 800XL, pero sólo unos pocos vecinos estratégicos teníamos un C64. Y sabíamos que éramos una especie de casta superior.

Claro, porque sabíamos -todos sabíamos- que los juegos en un Commodore eran muchísimo mejores que en un Atari. Era así de sencillo. No sólo por su calidad gráfica, sino que incluso por algunos títulos exclusivos (ya en esa época) que lo diferenciaban ampliamente de la variedad y calidad de juegos del Atari.

Hoy, 20 años después de ese boom gamer computacional casero en 64k, la Wii comenzará a resucitar aquellos juegos que hicieron historia en la generación post 30. Y a todo esto, ¿qué pasó con Commodore después de esa época? Pues bien, todo eso y más, después del salto…
 

¿Y QUIÉN ES WILL WRIGHT?

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Así como Shigeru Miyamoto lo es para Nintendo, Will Wright lo es para el popular mundo de los simuladores sociales conocidos simplemente como Sims, y que tienen que ver con la creación de entornos virtuales urbanos en donde sus habitantes se comportan y realizan quehaceres como en el mundo real.

Gracias a exitosos juegos como SimCity (1989) y la saga social de The Sims (2000), Wright ha hecho escuela. Hoy, está nuevamente ensalzado como el nombre más importante de la industria de los videojuegos gracias a su nueva creación, la ultra-esperada aventura evolutiva llamada Spore.

Descrito por la gente con la que trabaja como “una persona simpática, algo extravagante, muy brillante y especial”, aunque también como “obsesivo”, Wright nació el 20 de enero de 1960, en Atlanta. Criado con educación Montessori (“el colegio me enseñó el placer de descubrir cosas”, afirmó al New Yorker el año pasado), comenzó su carrera como diseñador en 1984, al diseñar el Raid on Bungeling Bay para el Commodre 64.

El éxito llegó después en los noventa, con SimCity, el primero de varios simuladores urbanos que hasta el día de hoy son de los títulos más populares para PC. Tanto así, que tienen su propio género y es considerado uno de los juegos más influyentes de todos los tiempos.

¡Querida, encogía a los niños!: Es medio megalómano el concepto, pero no cabe duda que es genial. Recrear un pequeño mundo virtual con todos sus detalles. El resulatdo ha logrado que Wright se haga millonario, gracias a las distintas versiones del juego. Y a otros títulos más, claro.

Conocido por ser un coleccionista de restos del programa espacial soviético ("un asiento del Soyuz, controles del Mir, todo por eBay"), Wright logró fundar su propia compañía –Maxis, ubicada en Emeryville, California– que después vendió a Electronic Arts, y amasar una pequeña fortuna además de varios reconocimientos mundiales, como ser la quinta persona incluida en el Salón de la fama de la Academia de Artes y Ciencias Interactivas y ser ungido como uno de los diseñadores más importantes de la historia por publicaciones tan diversas como Time, Entertainment Weekly y PC Magazine.

Ahora, gracias a Spore –juego que comienza a nivel unicelular para ir luego evolucionando hasta la conquista del espacio–, a Wright le queda mucha cuerda para seguir manipulando a sus pequeños ciudadanos pixelados. Como si fuese un titiritero. Más bien, como un Dios virtual.