

Reconozco que me encanta postear temas sobre cine y videojuegos.
El crossover que se produce me parece muy interesante porque, bueno, ambos temas me apasionan y son de cierta manera dos de los grandes pilares de la industria de la entretención. Sobre todo, me gusta cuando se producen de manera discreta. Con detalles sólo para los que saben. Y se piensa: «ah, el tipo que hizo esta película definitivamente tiene un PlayStation en su casa», o algo así.
Como pasó con Crank, gran y entretendia cinta de acción que acá pasó casi inadvertida en cines hace poco más de un año.
Protagonizada por el inglés Jason Statham (el mismo de Snatch y El Transportador, y que debió haber sido Hitman), la película trata sobre un asesino a sueldo que despierta y se da cuenta que ha sido envenenado. Y si no se mantiene en movimiento, muere. En otras palabras, el tipo se la pasa casi dos horas buscando golpes de adrenalina y claro, al mafioso que lo envenenó.
Hasta ahora, nada fuera de lo normal. Pero la diversión comienza ya en los créditos, que son con cameos del Robotron (o un juego Williams de la época) y de cualquier gráfica de jueguito ochentero. Muy bueno. Y corto.
Luego, las referencias abundan: el comienzo en primera persona, la polola de Statham (Amy Smart) cree que el tipo es un programador de videojuegos, la bebida energética que toma Statham se llama…. Rockstar (y más encima tiene la tipografía del Grand Theft Auto: San Andreas).
Para rematar, en la secuencia de créditos finales, al final -sorpresa- videojuego ochentero con el protagonista pixelado y todo, disparando a mansalva. Y al «morir», aparece una leyenda del tipo «Insert Coin». Son esos pequeños detalles que hacen la vida más llevadera.