

Mañana martes, cuando la mayoría de ustedes esté leyendo estas líneas, el Grand Theft Auto IV ya estará en las calles. Y a partir de eso, se debería venir toda una bola de nieve mediática como acaso nunca se ha visto en la industria de los videojuegos.
Estamos hablando de un juego que antes de que estuviera en venta ha sido preordenado con más de nueve millones de copias. Todo un récord.
Y más allá de los millones de gamers que estarán con una sonrisa de oreja a oreja surcando las calles de Liberty City, son los accionistas de Take-Two, empresa dueña de Rockstar Games y que hizo noticia no hace mucho por no aceptar una ¿generosa? oferta de adquisición por parte del gigante Electronic Arts.
Al parecer, hicieron bien en declinar la oferta: al momento de redactar este posteo, las acciones de Take Two han subido 3.4 por ciento. Esto supera el precio unitario por acción que había ofrecido EA. Y esto es ANTES de que el juego esté a la venta. Buena movida, ¿no?
Más: sólo en su primera semana, se espera que el juego recaude $400 millones de dólares. Y desde ya se le califica el gran evento de la industria del entretenimiento para este año. Era que no.
Evidentemente, el hecho de que el juego esté cosechando acaso las mejores calificaciones que he tenido la experiencia de atestiguar -es el juego con la calificación más alta de Metacritic– ha ayudado a que los bonos de Take Two se encumbren. Entonces, el verdadero héroe de esta historia no es el carismático Niko Bellic, sino que Strauss Zelnick, presidente de Take-Two.
Y esto, señoras y señores, será el último post antes de que le ponga mis manitas al juego. No pienso seguir escribiendo hasta que lo juegue encerrado un par de días sin contacto con el mundo. Como debe ser.