

Este fin de semana no sólo me dediqué a darle finalmente como caja al Burnout Paradise (se viene reseña), sino que también aproveché de ver varias cosas relacionadas con videojuegos, entre documentales y series de TV. Hay un montón de cosas, que iré comentando en su debido momento. Vamos por parte:
The King of Kong: A Fistful of Quarters: Gran, gran documental -algunos lo han llamado una mini obra maestra– que ha pasado por montones de festivales y de hecho, fue estrenado comercialmente en los EE.UU. hacia fines del año pasado. Muestra cómo dos tipos -Billy Mitchell y Scott Wiebe- pelean por tener un logro en teoría inútil: el mayor puntaje absoluto en el clásico Donkey Kong.
La película comienza con la obvia vuelta a principios de los ochenta, cuando todo era más sencillo e inocente. Billy Mitchell, un geek oriundo de Florida, que además tenía el récord en el Centipede (!), logra el puntaje más alto durante el boom del Donkey Kong. Corría 1982.
Al otro lado del país, en el estado de Washington, un recientememente desempleado Scott Wiebe decide matar el tiempo instalando el juego original del Donkey Kong en su casa y superar el récord de Mitchell. Lo que sigue a continuación es más épico que Gladiador y Buenos Muchachos juntos.
Tilt: The Battle to Save Pinball: Esto me emocionó. De hecho, me gustó más que The King of Kong. Porque va al callo: el documental rememora el tristemente inútl plan que tuvo la Williams para mantener vivos los flippers con la inclusión del Pinball 2000, a fines de los noventa. Seguramente algunos de ustedes los jugaron en los Diana.
Eran máquinas un tanto más pequeñas que un flipper tradicional, que tenían la particularidad de reflejar imágenes y animaciones en 3D. Que eran a todo trapo.
Lástima que el flipper en sí no lo era tanto. Sólo hubo dos de ellos, hasta que todo se fue a la porra: El Revenge from Mars, obviamente una secuela al popular y genial Attack from Mars, salvaba bastante y las animaciones eran muy cómicas; y el Star Wars: Episode One, que era hediondo de fome, tal como la película. Y sería todo. Hasta ahí llegó el plan del Pinball 2000.
El documental cuenta todos esos sabrosos detalles, de cómo la industria pasó de ser una mina de oro a, de un año a otro, caer estrepitosamente frente al gigantesco mercado de las consolas caseras. Obvio. Y una pena.
Porque claro, ningún operador estaba dispuesto a invertir las enormes cantidades de dinero que un flipper demandaba. Porque los flippers son casi como los autos a la hora de mantenerlos en buen estado.
jPod: Probablemente lo más interesate de todo. jPod es originalmente una novela escrita por el canadiense Douglas Coupland, el mismo autor de Generación X y Microsiervos. O sea, alguien que algo cacha de la generación techie.
El libro -y la serie- cuentan las desventuras de un grupo de seis amigos veinteañeros y empleados de una empresa desarrolladora de videojuegos que perfectamente podría ser Electronic Arts. Es el sueño de cualquier aficionado a los vidoejuegos. Claro que la vida cotidiana en los cubículos de jPod no es tan paradisíaca como se podría pensar.
La Canadian Broadcasting Corporation –CBC, la televisora y emiosora radial más imprtante de Canadá- decidió producir la serie con la asesoría del mismo Coupland. Esta debutó en enero de este año con mucho éxito de crítica.
Pero lamentablemente, el rating no la acompañó y los ejecutivos decidieron cancelarla a las pocas semanas. Es decir, no pasará de su primera temproada. Una pena, porque la serie salvaba bastante. O sea, el libro es sumamente superior, pero como serie televisiva era muy original, fresca, disrtinta y tenía a los videojuegos como eje central. Qué mas se podría pedir.