

Debo decir que este fin de semana estoy orgulloso. Permítanme. Ayer, este humilde pasquín salió citado en Las Últimas Noticias a propósito del Wii Fit y hoy, en el Cuerpo A de El Mercurio, aparece nuevamente mencionado este blog. No es malo.
A lo nuestro: ¿Juegos? Poco y nada estos últimos días. Más tirado para nada, diría yo. Claro, tampoco es que haya tanto título nuevo dando vueltas, por razones obvias.
Ya termniné el Burnout Paradise (bueno-bueno, sigue siendo el mejor juego de carreras disponible) y fuera de estar coqueteando un rato con el Condemend 2: Bloodshot (no logré enganchar mucho), estamos absolutamente a la espera del Grand Theft Auto IV. Pero eso ya lo sabían (y nueva reseña perfecta; esta vez de Eurogamer).
Es sólo en la Nintendo DS que sigo explorando a mansalva nuevos títulos. El último que me ha cautivado es el Ninja Gaiden DS.
A propósito, esta de seguro va a ser la semana de Nintendo (que no bajará el precio de sus consolas). Hoy fue el lanzamiento del Mario Kart, otro de los títulos potentes de la marca japonesa. Yo hasta el día de hoy lo juego en la DS. Es ñoño, pero divertido.
Un detalle que me llamó la atención este fin de semana: el tema del arriendo de juegos y su posventa. Acá en Chile el concepto prácticamente no existe. Es más, fuera de un par de tiendas que funcionan como «cadenas» (Microplay o la tienda Gamers), el resto es sólo la tienda única y sería.
Entonces, no se produce lo que sí sucede en un videoclub como Blockbuster: rotación. Y en EE.UU. hay varias cadenas que funcionan así, como Gamestop, la más grande en Noreteamérica.
Esto, a propósito de un reciente estudio en que se analizó el universo de juegos que circulan en EE.UU. y que acumulan un negocio de US$ 1.3 mil millones. En términos muy resumidos, el estudio desglosa que de un universo de 75 millones de juegos comprados, 49 millones eran usados. Eso es claramente mucho. ¡Es más de la mitad!
Entonces, claro, no es ningún chiste tener que desenbolsar 30 mil pesos o más en un título nuevo, y no tener alternativas. Es harta plata.
Al mismo tiempo, tampoco es justo que si ya no quiero jugar más tal juego, no tenga la posibilidad de deshacerme de él. Como sí sucede en circuitos como el depelículas.
A mi me ha pasado que voy a, no sé, al Paseo las Palmas y se ríen en tu cara cuando osas proponer un intercambio con, ponte tú, el FIFA 2007. Te miran con cara de asco y como si estuvieras loco. ¿¡Quién podría querer un juego taaaaaan viejo?!? Horror. Me apesta eso.
En un mundo ideal, en Chile habrían muchas tiendas de videojuegos, con mucho títulos para elegir. Nuevos y usados. Podrías arrendar, cambiar un juego viejo o comprarte el último título… Así que espero que para allá vaya la cosa.